A pesar de que en los noventa los entusiastas eruditos de la globalización predijeron el comienzo de una era post-nacional, decretando el fin de las fronteras internacionales y de la figura del estado- nación tal como lo conocíamos hasta el momento, los acontecimientos mundiales recientes han demostrado justamente todo lo contrario: el desafío planteado por la globalización para mantener y asegurar la soberanía, junto al furioso resurgimiento del “estado de seguridad” post 11 de septiembre, han intensificado la preocupación de los estados por mantener el control sobre los límites nacionales, y en especial, sobre el tránsito de cuerpos en las fronteras. Afortunadamente, la proliferación de muros y puestos de control, y el aumento de sofisticadas tecnologías de vigilancia, y de la intolerancia y la criminalización cultural, religiosa y política del ‘Otro’, no han podido ocultar ni silenciar la inquebrantable voluntad, la necesidad, ni el deseo de cruzar las fronteras propio de varios actores sociales provenientes de diferentes contextos. Junto a los esfuerzos de poderosas instituciones como el colonialismo, el estado y la ley por establecer límites estrictos, categorizar a las poblaciones, y limitar los espacios cívicos de participación, somos testigos de una prolífica imaginación, plasmada en forma inmediata sobre el territorio del cuerpo o en el espacio virtual de la comunicación digital. Esta edición de e-misférica se propone explorar la manera en que las realidades vividas y actuadas en un contexto trans-local han creado nuevas geografías globales e imaginarios signados por fronteras excluyentes y duraderas, pero también por nuevos limites que resultan liberadores.
El interés actual en el estudio de las fronteras que aquí se refleja no sólo está influenciado por los cambios mundiales, sino también por las maneras en que miramos el mundo y nos acercamos a él para poder analizarlo. La crítica posmoderna y los estudios poscoloniales y feministas han abierto “otros espacios” esenciales para el cuestionamiento de jerarquías dominantes y de “fronteras impuestas” basadas en categorías raciales, sexuales, de género y nacionales que no habían sido cuestionadas hasta el momento. Las posiciones que dicen emerger “desde los márgenes” o desde la “diferencia colonial” han llamado la atención acerca de la productividad del concepto de frontera en tanto punto de partida y parte integrante de procesos más amplios. De esta forma, estas disciplinas han dejado al descubierto las políticas inherentes a la producción de conocimiento. Este número de e-misférica, “FRONTERAS: Imaginaciones hibridas/ Geografías fracturadas”, se basa en dichas aproximaciones interdisciplinarias y anti-autoritarias para abordar las fronteras. Utilizar el término “fronteras”, en plural, desde la perspectiva de los estudios de performance resulta efectivo en tanto nos permite analizarlas como productos de acontecimientos y expresiones performativas, al igual que nos da la posibilidad de evaluarlas como un fenómeno que es representado y ejercido por una multiplicidad de actores. El estudio de las fronteras resulta, entonces, oportuno y valioso. En vez de presenciar la desaparición de las fronteras, estamos, de hecho, viéndolas multiplicarse. Nuevas fronteras físicas, virtuales e imaginarias, previamente impensables, surgen constantemente alrededor nuestro, no sólo en las Américas, sino también, en el resto del mundo.
La presente edición reúne trabajos originales en diferentes formatos – ensayos, artículos breves, documentación de performances, fotografías y videos, como también reseñas de libros, performances y proyectos– realizadas por artistas, investigadores y activistas que desarrollan temas relativos a la frontera desde varios ángulos, disciplinas y ubicaciones geográficas. Como editores, hemos tratado de que la selección de trabajos siga un cierto equilibrio, incluyendo aproximaciones artísticas y académicas, como también intervenciones de activistas, que iluminan las múltiples dimensiones –poética, política, y en muchos momentos, perversa – de las fronteras y de aquellos que las cruzan.
La migración transnacional es, quizás, la forma más paradigmática de cruce de frontera y, como tal, tiene un lugar privilegiado en este número en el que, tanto artistas como académicos, tratan las diferentes experiencias vividas por los inmigrantes. En su ensayo, Alyshia Gálvez reflexiona acerca de lo que caracteriza como “la aparente indiferencia del público en los Estados Unidos hacia la crisis humanitaria que tiene lugar en la frontera entre este país y México”. Tomando como punto de partida la paradoja de que en vez de evitar el ingreso de migrantes indocumentados, los refuerzos de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos (Homeland Security) en la frontera con México son la principal causa del aumento del número de muertes en la frontera, Gálvez se pregunta por qué este tema ha sido notoriamente ignorado en los debates públicos en los Estados Unidos. Como respuesta, sugiere que este factor se relaciona con la disonancia que existe entre la presencia física y económica de los inmigrantes y su ausencia en el imaginario social dominante de los Estados Unidos. La obra artística de Victor Cartagena que trabaja a partir de la experiencia de los migrantes salvadoreños, también se destaca como uno de los pocos trabajos que buscan resaltar el modo en que las redes sociales de los Estados Unidos usan y excluyen, sistemáticamente, la fuerza laboral de los inmigrantes. Utilizando dispositivos tales como saquitos de té o cajas postales de entrega inmediata junto a fotografías de migrantes salvadoreños, Cartagena desarrolla un discurso poético en el que estos hombres y estas mujeres son presentados como mercancías descartables. En contraposición, y hacia el otro lado de la frontera – en la Ciudad de México – los migrantes mexicanos poseen un lugar en el imaginario público que se evidencia en la instalación mural de la artista Mariana Zapata. Esta instalación se encuentra en uno de los parques públicos de esta ciudad y forma parte de su performance llamada “Reforma Migratoria”, que aquí es analizada por Stephany Slaughter.
Pero, a pesar de los lugares que ocupan en la opinión pública, los inmigrantes de todas partes del hemisferio imaginan nuevas geografías y paisajes socio-políticos en los cuales – al igual que los ciudadanos reconocidos por el estado – poseen derechos que reclamar y fronteras que cruzar. Resulta suficiente mencionar dos ejemplos relevantes pertenecientes a la primera mitad del 2006: por un lado, las masivas marchas de inmigrantes en múltiples ciudades de los Estados Unidos en contra de la legislación anti-inmigración HR 4437- que actualmente se está debatiendo en el congreso- que han culminado en el día de acción nacional llamado “Un día sin inmigrantes”; y las marchas de los trabajadores textiles bolivianos en Argentina para denunciar escandalosas violaciones a los derechos humanos y denigrantes condiciones de trabajo. Estos dos acontecimientos seguramente han tenido repercusiones tanto en las economías locales, como también en los debates públicos de ambos países. En nuestra sección de Puntos de Vista, Renee Saucedo analiza las propuestas legislativas anti-inmigratorias junto a los futuros desafíos que deberá enfrentar el movimiento por los derechos del inmigrante en los Estados Unidos. Mientras que el trabajo de Saucedo ofrece una perspectiva pro-trabajo dentro del marco del actual debate de las políticas inmigratorias estadounidenses, del otro lado del hemisferio, María Inés Pacecca y Corina Courtis intervienen en los debates acerca de los derechos de los inmigrantes bolivianos en Argentina que trabajan en talleres en condiciones de explotación laboral. Las conclusiones elaboradas por Pacecca y Courtis son similares a las que arriba Saucedo, en tanto que afirman que la carencia de una documentación apropiada hace que los migrantes sean más vulnerables a la explotación laboral y a las contradicciones de la lógica de acumulación flexible de la economía global.
La investigación de Santiago Canevaro también se sitúa en Argentina, pero focalizada en otro grupo de migrantes sudamericanos. Canevaro investiga cómo se establecen, y a la vez se difuminan, los limites culturales y étnicos en el contexto de un taller de teatro de la Universidad de Buenos Aires, integrado mayoritariamente por jóvenes peruanos indocumentados. La juventud peruana en Argentina, sostiene Canevaro, realiza prácticas performativas a través de las cuales intenta resolver los conflictos relacionados con la estereotipación de su identidad como inmigrantes, al mismo tiempo que les provee herramientas para poder “pasar” como argentinos. El ensayo de Canevaro es un retrato revelador y personal acerca de la juventud migrante que buscar afirmarse o cuestionarse en relación a la dura realidad de la estigmatización o la aprobación social de los comportamientos, los modos de vestir y la jerga local.
Las performances nunca ocurren de manera unilateral o en un vacío político. A partir del material extraído de la celebración del cumpleaños de George Washington en Laredo, Texas, y Nuevo Laredo, Tamaulipas, México, Elaine Peña nos muestra cómo la transposición corporal de las historias y de las mitologías coloniales norteamericanas, busca despolitizar el espacio limítrofe, simulando una armónica coexistencia de estas dos ciudades continentales y portuarias de América del Norte, situadas a cada lado de la frontera. El telón de fondo que enmarca la performance fronteriza “Children’s embrace” (El abrazo de los niños), en la que un niño y una niña de cada lado de Laredo se encuentran para besarse e intercambiar obsequios, oculta la violencia sin precedentes relacionada con la droga, y las desigualdades políticas y estructurales que se han construido históricamente en esta región. El arquitecto Teddy Cruz, cuya obra es reseñada y analizada aquí por Rodrigo Tisi, trabaja en un paisaje similar. Desde su estudio ubicado en el área de San Diego/ Tijuana, Cruz afirma que “las geografías en conflicto (…) se convierten en sitios de los que surgen las prácticas arquitectónicas alternativas y participativas de la ciudad, y donde el rol del urbanismo oficial es puesto en cuestionamiento”. Por su parte, los retratos capturados por el fotógrafo argentino Julio Pantoja estudian el choque entre la presencia humana y un entorno desafiante, específicamente, en dos espacios limítrofes diferentes: la selva del Amazonas y la frontera entre Estados Unidos y México. Los sujetos de Pantoja esculpen sus siluetas sobre paisajes extremos que, aunque inhóspitos o exuberantes, obligan a quienes se aventuran cerca de estas fronteras a involucrarse en una batalla implacable por la supervivencia.
Nadie ha abordado el concepto de lo híbrido como estrategia para el compromiso creativo y político como lo ha hecho el artista de performance Guillermo Gómez Peña. Compartimos aquí una radiografía de la reciente producción creativa de este cruza-fronteras, que incluye poesía, video y foto-performance, así como un texto desarrollado en conversación con la curadora argentina Gabriela Salgado. Este artículo explora “las zonas de silencio” en el arte global mundial, cuestionando no sólo la censura y la autocensura, sino también el establecimiento de los límites de aquello que se considera “aceptable”, y la elasticidad de lo que se juzga como “permisible”. En su estudio del baile de la quebradita, la etnomusicóloga Sydney Hutchinson también se centra en la estética de la hibridación para analizar el comportamiento expresivo – la coreografía, específicamente – en el contexto de la migración norteamericana-mexicana. En su ensayo, y en los materiales multimedia complementarios, Hutchinson desarrolla cómo los principios formales de la quebradita, expresados a través de la colorida indumentaria “Western”, y de un sonido tecnobanda veloz y estridente, dieron fuerza política y visibilidad a aquellos que bailaron esta danza mexicano-norteamericana durante una época en que la Proposition 187 de California buscaba despojar a los inmigrantes de sus derechos básicos.
Aunque en esta edición se han privilegiado los trabajos sobre la frontera entre Estados Unidos y México - debido, en parte, al gran volumen de investigaciones que analizan las problemáticas que se producen en este contexto – también hemos buscado incluir contribuciones que presenten las experiencias de quienes cruzan otras fronteras en América Latina y el Caribe. Como lo muestra Scherezade García, una artista dominicana radicada en Nueva York, no se definen sólo en términos de tierra, sino que también son acuáticas. Scherezade explora las “fronteras líquidas” que separan a la República Dominicana de Puerto Rico, y los cruces mortales de aquellos que se aventuran en el Estrecho de Mona en busca de su “salvación” en el norte. Desde esta región también interviene Vivian Martínez de Casa de las Américas quien reseña la obra Delirio Habanero de Alberto Pedro Torriente, recientemente estrenada en el Teatro Mío en La Habana, Cuba. Martínez ubica a Delirio…, una pieza teatral ambientada en el marco de la presión política y cultural en La Habana de los noventa, en el contexto de la obra del fallecido autor, cuya temática frecuentemente aborda y cuestiona la identidad, la migración y la idea misma de frontera.
El cruce de fronteras como fenómeno da lugar a choques y adaptaciones que inevitablemente afectan al lenguaje coloquial. Para los dramaturgos latinos y latinas de los Estados Unidos, esta situación se expresa a través de una voz híbrida, a menudo cuestionada por los puristas tanto del inglés como del español. NoPassport, la red de teatristas- principalmente dramaturgos- fundada por Caridad Svich, presenta “Entre lenguas: Una mesa redonda con Oliver Mayer, Anne Garcia-Romero, Elaine Romero y Caridad Svich”. En ella, cada dramaturgo da cuenta de su particular relación con el code-switching- que en este contexto refiere a la alternancia entre inglés y español- y con el Spanglish oral y escrito.
También nos complace presentar la sección Informes de Campo, que incluye el trabajo de jóvenes investigadores que reflexionan – en breves narraciones en primera persona – acerca de sus experiencias recientes y sus proyectos de investigación. Esta edición incluye contribuciones de Pablo Assumpção (Brasil), Anurima Banerji (Canadá), y Natalia Gavazzo (Argentina).
Las fronteras son omnipresentes, nos rodean, nos dividen, y a la vez hacen que nos podamos unirnos. Las fronteras delimitan nuestros territorios, nuestros cuerpos y nuestro discurso. Son reales e imaginarias, porosas e impermeables, visibles e invisibles, dominantes y sutiles, pero por sobre todo, son políticas. Así como entorpecen e impiden la expansión de nuestro crecimiento, también moldean nuestras identidades. Las fronteras se vuelven social y culturalmente significativas por la forma en que señalan el fin de lo posible; pero a la vez contienen la mismísima posibilidad de aquello que niegan: el acto performativo y necesario de cruzarlas. De manera virtual, física, legal o ilegalmente, siempre que las fronteras existan, también existirán aquellos que las cruzan.
Los Editores, San Francisco y Nueva York, Noviembre 2006
