Finalmente, en el marco de las Jornadas sobre Violencia y Derechos Humanos organizada por el Centro Cultural España de Córdoba, realizamos una intervención que denominamos “Un minuto de silencio.”  En ella cubrimos con tela blanca los letreros publicitarios de una cuadra muy comercial y concurrida de la ciudad. Negociamos personalmente con cada uno de los locatarios para obtener “permiso” para cubrir la enunciación pública de su establecimiento. Individualizamos a los propietarios privados del espacio público, que obviamente no son los políticos sino los comerciantes. De cada marquesina cubierta, y de un modo similar a las etiquetas de los objetos, colgaba un cartón con el código de barras con ceros como única numeración y el texto “un minuto de silencio.” La obra se completaba con unos autoadhesivos similares a las etiquetas que entregábamos a la gente para que fuera  cubriendo publicidades en otros lugares.

http://www.lavoz.com.ar/2005/1129/cultura/nota374870_1.htm


Esta fue una obra muy compleja, desde toda la negociación particular con alguien tan ajeno al arte como el pequeño comerciante, al montaje, a la rebeldía por la censura del centro organizador de las jornadas debido a la inclusión del código de barras que vinculaba esta obra con la campaña y su crítica a los políticos. Cada etapa implicó todo un acontecimiento en sí misma. Si las otras obras con texto habían tenido por característica la simplicidad y la autonomía, ésta resumió en sí todas las complicaciones de un modo premeditado y conciente. En las ciudades, compartir el silencio es la conquista más difícil, quizás porque ya no tenemos un lugar para tocar gritando “piedra libre!”

Patricia Ávila, en nombre de Urbomaquia.

Hay mundo por poco tiempo
(Mayo 2005)
A quién castigarán hoy en lugar de los culpables
(Agosto 2005)
Cuidado con la imagen
(Octubre 2005)
Un minuto de silencio
(Noviembre 2005)