MIGRATING RELIGIOSITIES / RELIGIOSIDADES MIGRATÓRIAS
PAPER

 

Javier Serna
Universidad Autónoma de Nuevo León
Email: fs248@nyu.edu


"EL COSTUMBRE"
Creencia y Acto en Templos Intangibles


Aspectos de la Cultura Huichola - Simbología.

"...durante años y años cosechamos, hasta la muerte de los nuestros, en los campos y todos gozamos y comemos de lo que éstos producen; nosotros vamos a seguir trabajando y sembrando el iku (maíz) para bien de la familia, para que no haya enfermedad. Así nuestors hijos continuarán por esa fuerza que desconocemos. Estamos pobres y no tenemos dinero, nuestros hombres caminan en la larga peregrinación en la ignorancia, es que una creencia se tiende sobre nuestros pasos, nuestros pueblos caminan sin entendimiento pero sin destino sólo viviríamos y moriríamos. Pasamos las aguas en la comunidad sembrando el coamil (parcela) y lo limpiamos dos veces, cuidamos la milpa, cosechamos y luego recogemos el maicito. Pero eso no le da a uno para vivir y tiene uno que buscar la vida. Y para vivir hay que hacer la fiesta, hay que sembrar y luego hacerle su cermonia al Padre Dios Tamatz Kallaumarie (el venadito del sol). Es "el costumbre" de los más viejos de los viejos de nuestros pueblos que nos hablaron palabras que venían de muy lejos, por que nuestros antepasados así lo hicieron desde cuando nuestras vidas no eran, desde cuando nuestra voz era callada. Si hacemos la ceremonia estamos cumpliendo con la creencia en nuestro Padre Dios Tamatz Kallaumarie y caminará la verdad en las palabras de los más viejos de los viejos de nuestro pueblos; y aprendemos en sus palabras que la larga peregrinación de nuestra gente venía de las pisadas y palabras de Kallaumarie. Si hacemos la ceremonia estamos cumpliendo con nuestro Padre Dios y el también nos cumple; por eso la fiesta no deja de hacerse porque así es "el costumbre". Creencia en la fiesta porque tenemos que cazar el venado, si hay venado hay vida, hay maíz y hay peyote (Hikuli). Si alguien quiere tener mucho maíz, tener milpa bonita y grande le pide al Padre Dios ese deseo. Nuestro "costumbre" debe seguir, los ancianos y los Maraakame (shaman-profeta-adivino) están tratando de que no se acabe porque es el que nos da la vida a los huicholes".

"Nos unimos todos los huicholes de San Andrés, de Santa Catarina y de San Sebastián para hacer un plantón en la Mesa del Tirador (en los límites de Jalisco, Durango y Nayarit). No cedemos ni vendemos un centímetro de nuestra tierra, esta es nuestra última palabra. El territorio y la tierra son escencia de la vida para nosotros, para los occidentales sólo significa bienes que producen riqueza. Nuestra visión sagrada que tenemos de tierra no impide que terminemos con el camino de engaños y mentiras que han impuesto las autoridades para proteger a los invasores de nuestras parcelas; de aquí en adelante aceptaremos la verdad y la ley como único camino de negociación. Se juntaron dos días los peyoteros y se hicieron muchas preguntas, pero fue una la que guió la decisión ¿Qué queremos lograr? Y acordamos que a partir de ahí cualquier acción y sus resultados no nos dividirá. exigimos respeto a nuestro territorio que respaldan resoluciones presidenciales y títulos de tiempos de la colonia. Que respeten el acuerdo 169 de la Organización Internacional del Trabajo, el cual establece que los territorios indígenas son patrimonio propio cultural e histórico de los indígenas. Nos pusimos a esperar una respuesta rápida, porque si no nos la daban ibamos a tener que proceder de acuerdo a nuestros sistemas jurídicos tradicionales huicholes porque así lo habían expresado los más ancianos de nuestras comunidades. Esta era nuestra propiedad y la estábamos defendiendo".

"Nosotros los Wixarica de Bancos de Calítique ya nos cansamos de que nuestros bosques sean destruídos, de que se aterren nuestros arroyos, de que se sequen nuestros ojos de agua, de que se acaben las plantas medicinales y se alejen los animales del bosque. Por eso paramos el corte de árboles y detuvimos la maquinaria, y vamos a estar en plantón hasta que se cancele el permiso de San Lucas (Jalpa). Y es que si no hay pinos allá arriba no se forman las nubes, y si no se forman las nubes no hay temporada de aguas, y entonces no hay fiesta. Si no le hacemos la fiesta a Tamatz Kallaumarie no lloverá más".

(Las anteriores son entrevistas que se han efectuado a lo largo de tres años de trabajo de campo -entre 00 y 03- a tres diferentes habitantes de las comundades wixaritari: José Benítez Sánches de San Sebastián, Don Jesús de la Torre de Santa Catarina y Ramón de la Torre López de San Andrés).

Kallaumarie es, para la milenaria civilización peregrina de los Wixaritari, traducción en su memoria colectiva simultáneamente de una escencia múltiple pero a la vez un rostro que sólo los Maraakames pueden mirar. El Venado, El Peyote y El Maíz son al mismo tiempo los tres pero igualmente el uno sólo. Kallaumarie (venado), Peyote (Hikuli) e Iku (maíz) signan el conocimiento y la memoria albergada en el cuerpo wixarika que libra, desde hace centurias, la batalla de la difícil coexistencia de la libertad y la vida en la rebelión y resistencia en contra de las constantes invasiones de dicho cuerpo wixarika, de las creencias de dicho cuerpo wixarika y de los templos intangibles de dichos cuerpos wixaritari. Carl Lumholtz escribía en 1898 su boletín para el Museo Americano de Historia Natural:

"...once upon a time the all-important thing for the Huicholes to eat -the deer- became god and he is to them the symbol of life and of fertility. With his blood the grains of corn are sprinkled before being sown. The great god of Hikuli, when he appeared the first time out in the country of the Hikuli, showed himself as a deer, and every one of his tracks became a Hikuli-plant -the plant of life; end the life is that of the deer."

El maíz fue primeramente venado. Cuando el maíz recién sembrado echa sus primeras hojas, es el venado que asoma sus orejas. Cuando la milpa está en mazorca y cuelgan sus largas orejas, es el venado viejo de grandes astas Tamatz Kallaumarie: el bisabuelo cola de venado, el primer Maraakame; es dios y héroe y alimento. El más antiguo de los antepasado huicholes: es persona, tiene cuernos, tiene cara de venado. El Hikuli (peyote) le enseñó al Bisabuelo (tamatz kallaumarie) la clave para entenderse con el fuego, con el sol y con el Maíz (iku).

Kallaumarie (venado-peyote-maíz) habla de sí mismo a través del Maraakame en el performance del peyote. Kallaumarie se manifiesta él mismo para hablar de sí mismo; quien se manifiesta y acerca de quien se manifiesta son uno mismo. El performance del Maraakame y el Maraakame en la performa son uno mismo: Kallaumarie. La memoria colectiva y el conocimiento individual son un manifiesto la una del otro y viceversa. El Maraakame en el trance suyo no le pertenece como suyo propio, es a la vez el de Kallaumarie, el del Hikuli, el del Iku.

Esta trinidad y su performa representan "el costumbre" en la memoria y carne, libertad y vida del pueblo wixarika. El Maraakame al comer el peyote incorpora la milenaria civilización de su pueblo y en ese acto recupera la memoria; entra en trance -un estado liminal- que lo mantiene en el entre-dos de la declaración en voz alta y de forma inteligible la verdad al respecto de uno mismo; declaración de su persona y de todas las personas.

El Costumbre es un modo de trance-substanciación para la formación de la identidad wixarika que alerta, acciona y dispara en el Maraakame (que performa) en el recuerdo, la recuperación de una memoria: la de Tamatz Kallaumarie. El performance de "el costumbre" (peyote) actualiza y acarrea en la memoria de un sujeto -el Maraakame- la de Kaullumarie que es Venado-Peyote-Maíz.

En el trance-substanciación de la memoria huichola, el "Hikuli" (peyote) enseñó a "marrakuarri" (el venado) a cantar a través del "Maraakame" (el shaman-profeta-adivino). Antes cuando cantaba sin él sólo platicaba y el dios no le entendía, "cuando comió peyote y cantó por tercera vez, entendió lo que le decía el fuego, el sol y el maíz" (Mata 1972. p.11). Entonces se produce el relato maravilloso de la milenaria peregrinación del pueblo Huichol, la creencia en una garantía "sobrenatural" para su propia purificación, dichas prácticas se convertirán en repeticiones ancestrales para obtener o conservar tal garantía. El recuerdo de uno que activa la memoria colectiva y la pasión que da la fuerza para resistir. En palabras de Don Jesús de la Torre:

"...de aquí en adelante aceptaremos la verdad y la ley como único camino de negociación, para proceder de acuerdo a nuestro sistema jurídico tradicional huichol, porque así lo habían expresado los más ancianos."

En los pasados trescientos años la voz de Don Jesús expresa experiencia y memoria de un pueblo, las múltiples guerras en las que han tenido que intervenir para proteger sus territorios sagrados de templos intangibles, y hacer la peregrinación sin interrumpir su trradicional viaje de mes y medio (quince días de ida, tres o cuatro de estancia y diecisiete de regreso por las quince estaciones de camino) a donde van a recolectar el "Hikuli".

Una de las constantes más notables de la realidad huichola, ha sido la conflictiva relación entre pueblos nómadas y otras formas de vivir el espacio y organizar la producción en las sierras, discutiblemente, denominadas "Gran Chichimeca", "Arido-América", y "Oasis-América" o el Norte de México, en donde antes de la llegada de los Españoles era ya una "región de refugio" razón fundamental para justificar los esfuerzos redoblados militares de pacificación contra rebeliones de los pobladores desde 1530, la de Mixtón en 1541 o la del jefe indígena llamado Zacatecas que convoca también a unir sus pueblos para resistir la Conquista; aunque la más importante sea quizá la "Guerra Chichimeca" en el siglo XVI para defender el Nayarit de Españoles y Mexicaneros (de origen Tlaxtalteca traídos por aquéllos).

Resistencia contra las constantes invasiones han desarrollado infinidad de formas de relacionarse defensivamente tanto con la Mesoamérica nuclear prehispánica, el Virreinato Novohispano y el Estado Mexicano decimonónico como con el conflicto en tiempos de la Revolución, la Reforma Agraria o la devastación de los "sobrenaturales" santuarios ecológicos en donde el modo de acción va más allá de los poderes humanos que evidencian la marginación de los conflictos linguísticos o los pluri-étnicos contra nacionalidad. Creencia, para los wixaritari es la acción misteriosa y no necesariamente por una divinidad, sino por una fuerza múltiple que religa historia-naturaleza-espacio en una expresión única: el Maraakame (shamán-profeta-adivino).

Aspectos de la Cultura Huichola - El Costumbre

Ciertamente, la continuidad cultural originada en tiempos pre-aztecas, tiene su clave en la palabra, transmitida a las nuevas generaciones por los ancianos. Al nivel de la familia, ellos son vistos como los educadores idóneos de sus nietos, pues su proximidad a los antepasados se ha vuelto pronunciada con el paso de la experiencia de años de devociones rituales; si el anciano tiene conocimientos especializados de Maraakame (shaman-profeta-adivino), puede llegar a tener una vida realmente doble de hombre y de dios; su esencia de Antepasado se materializa en un pequeño cristal de roca, llamado teihuari, y el cristal que lo representa es guardado en el adoratorio del rancho, cuidadosamente envuelto en algodón atado a una flecha sagrada que es encajada en el techo del jacalito (esta casa adoratorio es llamada xiriki). La educación por la palabra (oratura), se recibe en las celebraciones rituales a través de largos cantos recitados por el Maraakame. Estos cantos, llamados huahui, relatan las hazañas de los Antepasados que son representados por danzantes adultos a través de la noche (Fiesta del Hikuli Neirra, cuando se celebra la preparación del coamil por la roza) o por el baile de los niños durante el calor del día (fiesta del Yuimaacuaxa, que se celebra antes de poder comer los primeros frutos, o sea la calabaza). Sin embargo, las palabras del huahui son esotéricas para la mayoría de los mismos huicholes, porque se usan muchas metáforas que no son acostumbradas en el Lenguaje cotidiano. Lo que se destaca es que en varios de los cantos son enumeradas las etapas de las peregrinaciones de los dioses, de la orilla del mar, al oeste, hasta la orilla del mundo en las cimas de huiricuta, al este. Cada etapa marca aspectos del desarrollo de la cultura huichola y de la consolidación de la tierra por los antepasados; son quince etapas (o estaciones), cada etapa es una frontera en las peregrinaciones que el huichol debe hacer a Huiricuta, y en el canto estas fronteras son ocasiones para que los segunderos del cantador repitan su refrán, mientras él recupera su aliento. El lugar apropiado para las grandes celebraciones es el centro ceremonial o tukipa, dominado por un gran templo, tuki, circular de piedra y adobe, cubierto por un techo cónico de paja. La entrada del templo se abre al oriente, a Huiricuta, sobre un patio de tierra endurecida por los bailes, barrido antes de la fiesta por mujeres llamadas tenatsi, que la riegan con flores sagradas (de cempoal y de madroño). Delante del templo, al otro lado del patio, se yerguen casitas-adoratorio, como el xiriki del rancho, y cada xiriki está consagrado a un antepasado particularmente venerado en dicho centro.

Los tukipa son focos de la actividad social. Allí se reúnen miembros de ranchos a veces muy distantes, donde vive esparcida la gente que no obstante se siente vinculada al centro ceremonial más próximo. Allí se resuelven disputas y problemas ante el comisario, diputado del gobernador (tatuani). más, si el asunto es grave, el juicio se lleva a cabo en uno de los cinco centros ceremoniales que son a la vez capitales administrativas de las comunidades; es donde residen durante el año de su cargo el tatuani, el juez-alcalde (jarxcate), el capitán y otros funcionarios. Sin embargo, ni los Franciscanos, que edificaron iglesias en estas 'capitales' comunales, ni el gobierno mismo (el I.N.I. ha establecido pistas aéreas, escuelas, clínicas, tiendas y centros de capacitación en San Andrés y San Sebastián), han logrado que los huicholes transformen estos centros en un pueblo, con habitantes permanentes, al menos en las tres comunidades conservadoras. La perseverancia de el costumbre huichol es subrayada por las funciones políticas de los ancianos más reverenciados. Estos son llamados Kahuiteros porque conocen a fondo el camino a Huiricuta simbolizado por el gusano Kahuí, que trazó el camino que lleva al conocimiento de las misteriosas palabras de los antepasados. Los Kahuiteros son los que, según dicen, entreveran en sus sueños quienes serán postulados para administrar la comunidad cuando termine el año.

Volviendo al nivel familiar de la ranchería, los Ancianos se encargan de transmitir la ética huichola a los niños a través de parábolas, en forma de cuentos y Leyendas, llamados uxaatsi, cuyo significado es más claro y fantasioso, que el de los cantos sagrados. Toda la ética y la filosofía del huichol están basadas en seguir lo que llaman 'el costumbre': hi-iki, es decir, los ritos y la vida tradicional Legados por los ancianos de la tribu, los abuelos de cada núcleo familiar. "La fuerza que tenemos viene de nuestros padres", según afirma José Benítez Sánchez, el Maraakame de la comunidad de San Sebastián. "La vida colectiva del huichol, nuestra vida: tatuucari, fue plasmada por los antepasados remotos, allí en Huatetuapa (el mundo primordial), donde todo lo que hacemos lo hicieron nuestros antepasados, los dioses. Los antepasados trazaron nuestra realidad con la facilidad espontánea del pensamiento, iyarieya, (del corazón) que se materializa, a través del poder de sus palabras divinas -huaniukiteya- palabras que se transforman en acciones al ser pronunciadas. Porque huaniuki, la palabra de los antepasados es energía vital simbolizada en los cuadros como líneas onduladas transformada en flores y en gotas de rocío."

Para los huicholes no se abre una gran brecha entre los dioses y los hombres. Ellos hicieron penitencia por nosotros: "cada uno de los dioses entregaron sus venas a la tierra por eso, así son nuestros cuerpos, tenemos venas en nuestro cuerpo que son nuestra vida y nuestra fuerza. La fuerza de la tierra son las venas de agua" (José Benítez Sánchez). así a semejanza de los aztecas los huicholes son macehuales merecidos por penitencia, debiendo corresponder a los dioses, si no con su propia sangre, si con grandes sacrificios personales a ejemplo de la vida de los antepasados. "El Sol, Nuestro Padre; el Fuego, Nuestro Abuelo; la lluvia y la Tierra fecunda, Nuestras Madres, son los que nos mantienen en unión ecológica. Dichos antepasados sacrificaron sus cuerpos humanos, al cabo de muchas proezas, para convertirse en espíritus divinos quienes al morir hicieron hacer los elementos de la naturaleza que aseguran nuestro sustento. El venado, Nuestro Hermano Mayor, el conejo, el guajolote, la ardilla, las serpientes y los pájaros -elementos básicos en la alimentación del huichol cazador prehistórico - todos los animales fueron en tiempos de Huatetuapa, diferentes antepasados con semblanza de gente (tehuiyari). más, _para bien nuestro_, se transformaron en espíritus creadores y, en la tierra donde sacrificaron su cuerpo moribundo, nos ofrecieron sus descendientes, los animales." Por eso se mata un venado, el animal más reverenciado por los huicholes, se ofrecen alimentos, objetos votivos y humo de copal a Nuestro Hermano Mayor, el antepasado de los venados que permite el sacrificio de sus hijos. En su muerte, el venado entrega el espíritu divino a los hombres; su sangre hace hablar a los instrumentos mágicos, despierta los ídolos de cantera labrada, fertiliza la tierra y conjura las lluvias. Lo mismo ocurre con las plantas, en especial: "Nuestra Madre el Maíz, (guaxa o Nihuetsica), que alimenta el cuerpo del huichol evolucionado en cultivador y Nuestra Madre el peyote, Hikuli, que alimenta la memoria, nuestro corazón (taiyari). Por una parte las plantas, los animales y los elementos de la naturaleza nos mantienen a partir del momento en que Nuestros Antepasados se desincorporaron y, regando los miembros de su cuerpo crearon los frutos de la tierra; y por otra parte, debemos mantener a los espíritus de la naturaleza con celebraciones, ofrendas, privaciones físicas y diversos ritos que devuelven fuerza a los dioses, evitando que se enojen por nuestra falta de agradecimiento y de atenciones devotas. Para colmar el vínculo, que nos liga a los dioses-antepasados, y nos relaciona la naturaleza, nosotros podemos al término de una vida ejemplar, convertirnos en espíritus divinos viviendo con los dioses en Huiricuta, formando parte de los rayos del sol, o bien, si fallamos, apareciendo a nuestros descendientes en forma de insectos, coyotes o tecolotes."

Frente a los ancianos que ya han logrado dominar el costumbre, la continuidad de la cultura se actualiza en la medida en que los jóvenes se empeñan en seguir los pasos de sus padres, por el camino, en el performance de los antepasados. En primer lugar se les amonesta para que no vayan a tener relaciones sexuales con los vecinos mestizos (teihuarixi), y aún con los indígenas de otras razas. según la creencia huichola, la mujer que infrinja esta regla se hallará enlazada después de su muerte, en una danza con sus amantes mestizos, transformados en víboras ponzoñosas que la matarán de nuevo; semejante suerte le espera al hombre huichol que erró en tal forma.

Desde que nace, el niño quedará comprometido a peregrinar a los lugares sagrados donde viven, en cuevas y en ojos de agua, los antepasados que lo vigilan de cerca, pues se dice que el niño depende de éstos lugares. Dice Benítez, "Por una parte está la Madre del ojo de agua, a la que sus padres rogaron por su concepción y donde, luego, lo llevaron para que, según la antigua tradición chichimeca, el agua de este lugar le despertará el cupuri, o sea el alma. Por otra parte, depende de los lugares en las barrancas y en los picachos, que su padre recorre para recibir la protección y las mercedes de otros antepasados como el Fuego Tatehuari, Nuestro Abuelo (deidad máxima de la tribu de tuapuri), como el Sol Nuestro Padre, Tahueviecame (deidad máxima de la tribu de Tatéi Ki) como Tuamuxahue, deidad del cultivo (principal entre la tribu de Huatua)."

Hoy día, la dicotomía entre el mundo mexicano moderno y el mundo tradicional sagrado se ha hecho patente, aún en el interior de la región huichola, puesto que muchos jóvenes están, por as_ decirlo, amestizados. Al mismo tiempo, se ha acentuado la tendencia hermética o 'cerrada' del huichol tradicionalista. No es solamente que el que habla español aparenta no oír o entender las preguntas que le dirigimos, contestando automáticamente auki (Sabe), sino que con frecuencia contesta de buena gana, con lo que caemos los investigadores, en una trampa bien preparada. El primero en advertir esto fue Lumholtz, al escribir que "no dicen la verdad, más que cuando les conviene_ , "siendo en punto a inventar un embuste, los indios más sagaces que conozco" No nos cabe duda que los huicholes son perspicaces para penetrar la mentalidad de los que vienen a tratar con él, pues muchas han sido sus experiencias, generalmente negativas, con la gente civilizada, llamada gente de razón y con sus vecinos rancheros.

Siguiendo la tradición que ilustra cómo los Antepasados se engañaron mutuamente para probar el carácter, el poder y la voluntad de sus semejantes, los huicholes que 'saben' no informan verazmente ni a su propia gente. Como el Venadito Cauyumarie, -Nuestro Hermano Mayor- que inventó el uso de los instrumentos sagrados y está al tanto de las palabras de los Antepasados, el Maraakame dispone trampas e inventa cuentos para sus mismos hijos, quienes tendrán que sobreponerse a muchas pruebas, si es que quieren discurrir sobre los secretes de la religión. La buena disposición del aprendiz es juzgada por su entusiasmo, en participar de la labor sagrada del cultivo del coamil; la suerte que tiene para 'correr' el venado, azuzándolo a la trampa de lazos; además de su empeño en los bailes rituales y por fin, la ecuanimidad con la que se libra a las peregrinaciones, a lo largo de ayunos, marchas por el monte y el desierto, y vigilias en lugares y en condiciones extraños.


Aspectos de la Cultura Huichola - Huiricuta


Para la mayoría de los huicholes, la peregrinación a Huiricuta es la principal. Se hace al final del temporal de las lluvias antes de empezar la cosecha, o antes de preparar el monte p"'a la próxima siembra del maíz. Los participantes son propuestos en el centro ceremonial que les corresponde, para completar peregrinaciones durante cinco años consecutivos, bajo la dirección de un Maraakame docto. También se forman grupos de peregrinos que pertenecen a un núcleo familiar. Una de las peregrinaciones, por lo menos, debe hacerse puramente a pie y puede durar dos meses. Desde la salida hasta el regreso al rancho o al tukipa, el 'peyotero' (Hikulitame) no deberá cambiar su ropa, ni lavarse; ya. con anticipación habrá desistido de usar sal y de tener relaciones sexuales; antes de llegar a Huiricuta, donde se halla el peyote, debe de emprender un fastidioso ayuno que prohíbe beber liquidos (se pueden consumir naranjas). Al final de cada jornada se permite comer la dieta de 'tostadas' frías, y el Maraakame relata como llegaron los Antepasados, lo que les pasó y lo que hicieron en cada etapa del camino, bautizada en huichol con un nombre alusivo. Repite el Maraakame "no pienses en lo que has dejado atrás, tus labores, tu familia, tus preocupaciones; no fijes los ojos en la belleza de las flores por los lados del camino; así hallarás el venado elusivo, la rosa tuutu que es el peyote (Hikuli)...", según José Benítez.

Durante la peregrinación el lenguaje cotidiano va transformándose a la par de la personalidad del peregrino. En varias ocasiones el Maraakame toma confesiones de los miembros del grupo; los pecados carnales son enumerados en voz alta por cada participante y entregados como nudos en una cuerda (caunari) al fuego, a Nuestro Abuelo que juzga la sinceridad del confesando. El pasado personal se borra, el peregrino asume un nuevo nombre y un nuevo rango, es igual a los dioses. Las palabras se usan en sentido inverso y los Antepasados también cambian de nombre.

Si el peregrino trató de engañar a Nuestro Abuelo, se volverá loco, si es que logra hallar el peyote; quien no participe con sinceridad, concentrándose en el seguimiento del camino prescrito, aquél perderá su conocimiento, en lugar de ganar su vida espiritual. Por el camino a Huiricuta están regados cacauyarixi, Antepasados convertidos en rocas y en picachos; ellos no lograron alcanzar Huiricuta, en el camino erraron dejando la huella de su historia.

Los primerizos, con los ojos vendados, siguen los pasos marcados en la tierra enjuta por los huaraches de tres puntas (cacai), de los que los preceden en fila india. Escuchan cómo los animales que se cruzan por el camino eran antes seres humanos, que quisieron ganar su vida también, pero se dejaron vencer por la fatiga, el hambre o los deseos sexuales. No llegaron, no pudieron ver nacer el astro luminoso cuando Nuestro Padre se transformó en sol, elevándose sobre la cima de Le-únaxu, al borde de Huiricuta.

Mas los peregrinos amanecerán al pie del cerro, imbuidos por las visiones del peyote. Se ponen en contacto con el cosmos: luz y noche, fuego y viento les hablan; se materializan sus parientes muertos para darles la bienvenida a la morada donde se descubren los rostros de los Antepasados (nierica), y los espíritus de la naturaleza manifiestan su realidad. Se comprueban los antiguos relates y la eternidad aflora en el presente. El peyotero adquiere identidad con los dioses; el Maraakame se transforma en Tatehuari, el anciano Abuelo, que se nos revela como el fuego. Guiándolos está el Venadito invisible, Nuestro Hermano Mayor Cauyumarie (Venadito del Sol), receptáculo de las palabras del mundo, espíritu y memoria de Cola de Venado (Maxacuaxi). El petaquín (tacuatsi) del Maraakame, es una transmutación de Cauyumarie y las plumas (muvieri) que contiene, son sus 'palabras'. El peyote es la 'memoria' de Cauyumarie y su encarnación.

Cargados de ofrendas fueron los peregrinos a los limites del oriente y regresan con cestos (kilihua), repletos de peyote para entregar algo de la memoria, que los transformó, a sus familiares, a los amigos que los esperan en el centro ceremonial. También acarrean agua sagrada en sus bules, recogida en las fuentes de la vida a la entrada de Huiricuta, donde viven las Madres de Oriente (Tatei Matinieri) que cuidan nuestra alma (cupuri) y nos vigilan desde su oasis. Con el agua vigorizan el cupuri de su familia, bañan sus cabezas y se la dan a beber (Pueden traer agua de otros ojos de agua del oriente, como el agua de Nuestro Padre, en la cima de Tacauyajaapa.)

Sería demasiado largo hablar aquí de las celebraciones (Teaxá y Hikuli Neixa) que siguen el viaje de Huiricuta, la cacería del venado y las otras peregrinaciones (a lugares de la Sierra Huichola, al mar, a la Mesa de Nayar, al Lago de Chapala y a Durango), que están conectadas con la peregrinación inicial. En la fiesta del regreso, el orden de la ranchería o del centro ceremonial queda invertido: los peyoteros asumen simbólicamente los cargos oficiales de la comunidad, haciéndose de las 'varas del poder';bailan con sus caras pintadas de amarillo, a semejanza de los dioses que vieron; el nuevo lenguaje de los peyoteros es adoptado con regocijo por todos (quizás se llamará Huiricuta o Puerto Vallarta el rancho); el Maraakame y los músicos son satirizados y parodiados. Todo se vuelve al revés y el sueño se convierte en realidad vivida, dramatizada al máximo. El carácter sagrado,'delicado', de los peregrinos, durará varios meses, hasta el desenlace de la Ultima fiesta, tras la limpia ritual del coamil comunal (itari); los que persiguen la condición de Maraakame no se acuestan con sus mujeres hasta entonces.

Aspectos de la Cultura Huichola - Conclusión.

El viaje a Huiricuta es, en todo caso, el foco central de la creencia en la cultura huichola. Allá, el peregrino recobra la memoria, el corazón, la vida, el alma y la fuerza de su raza; el peyote le susurra los cantos que sus abuelos solían entonar, y al entonarlos él, despierta la atención acorde de las siete partes del mundo. En sus recorridos, el peregrino se percata de la dinámica secreta de las fuerzas vitales.

Aprende a invocar las serpientes del agua, que se transforman en nubes caminando por el aire con sus plumas. Las llama a Huiricuta, donde brotan de debajo de la tierra, abriéndose canales subterráneos desde el oeste, en el Océano Pacífico (Nuestra Madre Járamara), aflorando en los ojos de agua de la Sierra, en el Centro (Ixruapa), y siguiendo hasta llegar al Este. Así, el agua, llevada del oeste al polo opuesto, buscará volver a su morada principal en el mar. Las serpientes de nubes aparecidas en Huiricuta seguirán el camino de regreso de los peregrinos, precipitándose sobre el centro de la tierra, nutriendo los arroyos de la Sierra, para volver al mar en los ríos que son serpientes también.

Tal como los Antepasados, salidos del inframundo, recorrieron los cuatro puntos cardinales para asentar los límites de la tierra (kwie ojeriepa, en mitopoyética), y poner el cosmos en marcha, así el peregrino va reconociendo los asientos del poderío de sus Antepasados, para conjurarlos en los cinco puntos de la tierra (Oeste, Este, Norte, Sur y Centro) y abajo, en el primer mundo (Huatetuapa) y arriba, en el tercer mundo que es el cielo (Tajeimá). Aprende que entre los siete puntos mencionados, se coordinan todos los fenómenos cuyas esencias se amalgaman en el mundo sobrenatural.

El conflicto citado al principio en Bancos de Calítique ilustra de manera muy clara la visión múltiple de los Huicholes respecto de el concepto de religiosidad. Los wixaritari han decidido, mucho antes que llegaran los españoles, no separar los tres aspectos fundamentales de religiosidad en terminos de un origen político, un origen divino y un origen humano. Tamatz Kallaumarie es a la vez valor absoluto, estrategia política y formación de la identidad humana wixarika: Kallaumarie, Hikuli, Iku.