Memoria, atrocidad y resistencia
La denuncia política ha estado por encima de lo artístico en el Segundo Encuentro de Performance y Política, que organizan en Monterrey la Universidad de Nueva York, la Universidad Autónoma de Nuevo León y el Consejo para la Cultura de la entidad
Por FERNANDO DE ITA/ Grupo Reforma
Monterrey, México.- (22
junio 2001).-
En el seminario que tiene lugar en el
apantallante Museo de Historia Mexicana, Tito Vasconcelos denunció
a Andrés Manuel López Obrador como agente del PAN por culpar
a los empresarios de cabarets de los males que aquejan la vida nocturna
de la ciudad capital. La agrupación H.I.J.O.S. de Argentina dio
cuenta de las acciones que llevan a cabo en su país para condenar
socialmente a los represores de la ocupación militar que quedaron
libres con la ley del Punto Final de Alfonsín y el indulto de Menem.
Jesusa Rodríguez advirtió que los Legionarios de Cristo pretenden
apoderarse de la educación laica y la moral de la República,
en complicidad con el Vaticano, el PAN, Marta Sahagún y las hijas
de Vicente Fox.
José Esteban Muñoz de la Universidad de Nueva York recordó la censura que diversas autoridades e instituciones estadounidenses han practicado en contra de manifestaciones artísticas, preferencias sexuales, color de piel y filiación étnica. Carmelita Tropicana, "performancera Lesbiana" de origen hispano, abundó en el tema contando sus experiencias con la censura en el "país de la libertad".
Ya en el escenario, Jesusa y Liliana Felipe han sido las únicas en sostener artísticamente su posición radical, con un show rabioso en contra del triunfo del PAN en las elecciones del 2 de julio, en el que se ridiculiza al presidente triunfador y sus colaboradores más cercanos a extremos pocas veces vistos en un escenario. El ingenio de estas artistas que manifiestan abiertamente su preferencia sexual en el foro, convierte en risa aquella cadena de insultos que en otro contexto provocaría el escándalo de los votantes que llevaron al PAN a la presidencia.
Tito Vasconcelos como Marta Sahagún tiene en las manos un personaje maravilloso que apenas explora y explota, porque le ha dado por cantar hasta alcanzar el gallo, privándonos de las ocurrencias teatrales que le han dado fama de cabaretera.
El resto ha sido de pena ajena. Primero porque la mayor parte de los performances locales e internacionales que se han presentado resultan, en el espacio de la representación, piezas convencionales de teatro, monólogos de pobre estructura dramática y una teatralidad tan evidente que nos remiten a los espectáculos escolares.
Maris Bustamante se mostró brillante y plena de recursos escénicos en el seminario, aunque a la hora de su performance, como una muestra de las "nuevas formas de pensar la realidad", presentó una mínima ocurrencia plástica a partir de la pipa de Magrit que no es una pipa. Eso tampoco era un performance, o lo era de una forma tan pobre que lo único que dejó en claro es el abismo que separa al dicho del hecho (para no decir la teoría de la práctica), en la búsqueda del lenguaje artístico del Siglo 21.
Emma Villanueva, la joven performancera que tuvo sus 15 minutos de fama en la marcha que realizó desnuda, pintada de rojo y negro en una marcha de protesta por la ocupación de Ciudad Universitaria por las fuerzas del orden, improvisó en tres días con el grupo H.I.J.O.S. de Argentina una "acción" de denuncia por los desaparecidos políticos, con la que se puede estar de acuerdo con el fin, pero no con los medios. Finalmente, estaba en el Teatro de la Ciudad, con la tecnología de punta al servicio de su mensaje, y en lugar de enriquecerlo lo empobrece utilizando los recursos del CCH. Veladoras en el piso, oscuridad en la escena para que no se vea el cuerpo de un hombre bien formado que no sabe bailar, ni actuar, ni representar, pero está del lado correcto, en el lugar de las víctimas.
Lo peor es que la mayoría de los académicos de una docena de universidades del Continente Americano, y la tribu argentina que los acompaña, se conmueven y aplauden la intención de estas acciones mediocres, sin separar la forma del contenido.
Por ejemplo, el grupo puertorriqueño Pregones, radicado en Nueva York desde hace más de una década, trajo un performance titulado El bolero fue mi ruina, en el que un actor travesti representa a una cantante que mató a su amante en un arranque de locura. No hay en este monólogo musical un solo elemento rescatable, el planteamiento espacial, la decoración -no es posible hablar de escenografía-, la iluminación, el vestuario, la construcción dramática, la teatralidad, la solución escénica, la actuación, no sólo son convencionales sino primarias, evidentes, fatales.
Sin embargo, no faltó el grupo de espectadores que gritó bravos y sólo tuvo elogios para el montaje en el debate "posperformance" que se hace después de las funciones, porque lo que se admira es que un grupo marginal por partida doble, como es ser latino y homosexual en Nueva York, se pare en un escenario. No importa que reciba fondos públicos y privados para mantener su teatro, y que en 10 años no hayan aprovechado esos recursos para salir de la mediocridad, para afinar su oficio y cumplir mejor con su papel de víctimas.
¿Qué es peor? ¿La ferocidad, el desprecio, la depredación del conquistador, o la buena fe del misionero? Dijo la cantante negra del Perú, Susana Baca, en una de las mesas del seminario, que hay dos tipos de racismo: "el que odia a los negros por ser negros, y el que ama a los negros por ser negros".
A propósito de negritud, el investigador del Colegio de Michoacán Álvaro Ochoa presentó un destello de su investigación sobre La influencia afro en el mariachi, en donde demuestra que este conjunto musical tiene su origen en la región occidental donde se asentaron comunidades negras, y puso el ejemplo de "La Negra", la canción emblema del mariachi que se fue blanqueando y haciendo criolla y mestiza con el tiempo, cuando en sus inicios era música afro. Como dato curioso, mostró las actas de nacimiento del bisabuelo y el abuelo de Lázaro Cárdenas, donde se declaran mulatos en una zona como Jiquilpan, en la que aún perviven los restos de la negritud.
Contra lo que pensé en un principio, este encuentro de artistas, investigadores y académicos del Continente Americano, resultó mucho más interesante y aleccionador en el área académica que en la artística. Escribo esta nota a tres días de que termine la reunión de 10 días, pero salvo un milagro, el programa me dice que las cosas sólo pueden empeorar en el campo del performance, un concepto que nadie ha podido definir a conformidad, y por lo mismo permite que se cometan todo tipo de atrocidades en su nombre.
Aunque no hay que ser ingratos, porque gracias a Dina Taylor, fundadora del IHPP por la Universidad de Nueva York, y a Javier Serna, presidente del mismo Instituto en México, nos enteramos de los trabajos que están realizando las universidades de Brasilia y Río de Janeiro para contextualizar las manifestaciones extremas de la cultura popular y la religión no oficial de los negros brasileños. Con imaginación, lucidez y humor, Zeca Ligeiro, Joao Teixeira y Leda Martins nos han demostrado que la inteligencia puede iluminar las zonas oscuras de la conducta humana, cuando se emplea para compartir, no para imponer las ideas.
Fernando de Ita, crítico de teatro
y consejero editorial de El Ángel.
| http://www.reforma.com/ParseoCoberturas/printpage.asp?pagetoprint=../elangel/articulo/104052/default.htm |
Revista Cultural El Angel, del Periódico Reforma, 1 de julio, 2001
Las excentricidades del performance
Por ANTONIO PRIETO/ Grupo Reforma
Monterrey, México.- (29 junio 2001).-
Durante 10 días, del 14 al 23 de
junio, tuvo lugar en Monterrey un encuentro excéntrico no únicamente
por su extrañeza, sino también por ubicarse "fuera de los
centros", es decir, en los márgenes teóricos, artísticos,
sociales y geográficos de nuestro hemisferio. El Segundo Encuentro
de Performance y Política, organizado por la Universidad de Nueva
York, la Universidad Autónoma de Nuevo León y el Consejo
para la Cultura de Nuevo León, fue una experiencia excéntrica
por operar desde un modelo teórico poco conocido en Latinoamérica
y todavía marginal en los círculos académicos estadounidenses
(los estudios del performance), por contar con la asistencia de un buen
número de personas socialmente marginadas (latinos de Estados Unidos,
gays y lesbianas, negros, indígenas...), por servir de foro para
prácticas escénicas no-convencionales (el performance art,
el cabaret político, el rito indígena) y, finalmente, por
desarrollarse en una ciudad cercana a la frontera.
La experiencia resultó enriquecedora para unos participantes y confusa para otros, especialmente aquellos no iniciados en los performance studies, disciplina fundada en 1980 por un grupo de investigadores de la Universidad de Nueva York, encabezados por el conocido teatrista y teórico Richard Schechner. Según el programa del encuentro, los estudios del performance ofrecen un enfoque interdisciplinario que reúne áreas como antropología, artes escénicas y estudios culturales para examinar una serie de actos sociales: ritos, festivales, teatro, danza, deportes y otros eventos en "vivo". Este acercamiento permitió que se dieran cita manifestaciones tan diversas como las acciones "a-lógicas" de Maris Bustamante y el "hacktivismo" del chicano Ricardo Domínguez, cuyo Teatro de Disturbio Electrónico ha realizado plantones virtuales en las páginas web del Gobierno Mexicano y del Pentágono en apoyo al EZLN (visitar el sitio www.thing.net/rdom). En la esfera académica, los seminarios y paneles del congreso reunieron a críticos literarios, teóricos, feministas, antropólogos y artistas de varios países para compartir enfoques distintos en torno a los fenómenos escénicos y sociales del Continente Americano. Sin embargo, faltó una mayor convocatoria a nivel nacional, ya que los participantes mexicanos fueron relativamente escasos. También sorprendió la poca presencia chicana en comparación con la de los puertoriqueños y cubanoestadounidenses.
El hilo conductor fue una potente tríada conceptual: "memoria, atrocidad y resistencia", para lo cual resultó muy oportuna la intervención de Rosario Ibarra de Piedra, quien, en su conmovedor discurso inaugural y hablando desde su experiencia personal, hizo patente la urgencia de esta temática. Doña Rosario reconoció su simpatía por el performance, ya que ha trabajado el tema de los desaparecidos con la performancera defeña Emma Villanueva. Para el encuentro, Villanueva se alió con Carlos Ezequiel, del grupo argentino de activismo callejero H.I.J.O.S. (integrado por hijos de presos políticos) para montar una pieza que, aunque fallida en su ejecución, recordó al público que la desaparición forzada no se trata de un problema del pasado, sino que sigue vigente en nuestros países.
El espíritu tanto interdisciplinario como intercultural que caracterizó al encuentro permitió a los asistentes enfrentar otredades radicales como la de Carmelita Tropicana, artista cubano-estadounidense abiertamente lesbiana que en su monólogo Leche de Amnesia abordó con humor bilingüe la búsqueda por recuperar sus raíces; o la de Zé Pelintra e Pomba Gira, obra ritual interpretada por Marise Nogueira, resultado de una investigación realizada por Zeca Ligeiro de la Universidad de Río de Janeiro en torno a la religiosidad afrobrasileña. No obstante, la buena voluntad de los participantes fue insuficiente para evitar fuertes malentendidos. Algunos académicos estadounidenses, por ejemplo, se mostraron proclives a juzgar los trabajos latinoamericanos bajo la mirilla de los identity politics propios de su país, sin prestar suficiente atención al contexto de donde surgen las propuestas artísticas. Por su parte, algunos mexicanos juzgaron las piezas de los performanceros y las performanceras latinoestadounidenses desde la postura de la crítica teatral (la nota que publicó Fernando de Ita el domingo pasado en este espacio es un ejemplo quizás extremo de un sentir compartido por varios colegas) que sólo veía mediocridad y autocomplacencia en obras que para los demás asistentes valían por su abordaje de lo político. Durante las conclusiones del congreso, se habló de la necesidad de ofrecer más información a los participantes acerca de las obras y sus contextos específicos, a fin de que durante el Tercer Encuentro, que se llevará a cabo en Perú el año entrante, se disminuyan los malentendidos.
De la constelación de montajes presentados hubo varios muy rescatables, entre otros, The Alamo Piece, del estadounidense Jim Calder y el mexicano Sigfrido Aguilar. La pieza es un divertido "circo de la frontera" que aborda la relación sadomasoquista entre Tijuanita (Aguilar grotescamente travestido) y un gringo estereotipado (Calder). Mediante el ingenioso manejo que hacen los mismos intérpretes de objetos, títeres, música e iluminación, la obra denuncia elocuentemente a ese teatro del absurdo que es la relación bilateral México-Estados Unidos y su violenta manifestación en la frontera. Por su parte, el grupo peruano Yuyachkani -que este año cumple 30 años de labor ininterrumpida- presentó Adiós, Ayacucho, una pieza unipersonal en la que Augusto Casafranca interpreta a un campesino descuartizado por la violencia que aquejó al Perú en los años 80. El campesino cobra vida en el cuerpo de un personaje de la mitología popular peruana y viaja a Lima para recuperar las partes dispersas de su cuerpo. A tema tan mórbido, Yuyachkani le imprime un tono mágico pleno de humor con ayuda de un efectivo acompañamiento musical sobre la escena a cargo de Ana Correa.
Curiosamente, algunos de los momentos más memorables del encuentro fueron los espectáculos montados fuera de la programación oficial. Por ejemplo, un "Transnochoteo" improvisado hacia la medianoche del viernes 15 en el bar La Tumba, en el que insólitamente unieron sus talentos Maris Bustamante, Jesusa Rodríguez, Liliana Felipe, Carmelita Tropicana y la cantante peruana Susana Baca. La noche del martes 19, Jesusa y Tito Vasconcelos aparecieron en la presentación del libro Nosotros estamos muertos, de Jaime Avilés, vestidos de Marta Sahagún. La velada culminó en un antro de table dance donde Sahagún (versión Jesusa) hizo las veces de padrote de Vicente Fox (Avilés en su debut cabaretero) ofreciendo a los sorprendidos comensales "sexo en vivo con Vicente por un boleto". El público en esa ocasión no eran los fans de las divas en sus cabarets chilangos, sino mayoritariamente señores que van al antro para ver mujeres desnudas. En ese contexto, la intervención resultó auténticamente transgresiva.
Hacia el final del maratónico encuentro, el desgastado ánimo de los participantes se vio renovado con el trabajo del extraordinario grupo cubano DanzAbierta, dirigido por Marianela Boán, cuya obra Chorus Perpetuus es una metáfora -a la vez divertida, cachonda y técnicamente impecable- sobre la búsqueda de la libertad. La obra es ejemplo de cómo un mensaje que surge de la especificidad cubana puede cobrar resonancia universal mediante el hábil manejo de la expresión corporal y vocal. Y para cerrar con broche de oro, la última noche Astrid Hadad nos ofreció sus Amores pelos, espectáculo que, aunque no venía mucho al caso con la temática del encuentro, deleitó como siempre y reclutó para la cantante a una hueste de nuevos fans continentales como la Tropicana que, sentada junto al que esto escribe, aullaba de gozo ante su voz ranchera y alucinantes vestuarios.
Reconozcamos, pues, la labor del Instituto Hemisférico de Performance y Política (http://hemi.nyu.edu), que hace posible encuentros tan excéntricos como éste.
Antonio Prieto, profesor-investigador
en El Colegio de Michoacán
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