| |
La
memoria es un fenómeno del presente, una puesta en escena actual
de un evento que tiene sus raíces en el pasado. A través
de la ´performance´ se transmite la memoria colectiva. Performance,
término derivado de la palabra francesa ´parfournir´
significa realizar o completar un proceso. La teoría de ´performance´
viene de estudios antropológicos que se enfocan en dramas sociales
y colectivos y de estudios teatrales. Incluye múltiples tipos de
eventos en vivo-puestas teatrales, bailes, ritos, manifestaciones políticas,
deportes, fiestas (entre muchos). Por performance se entiende lo restaurado,
lo (re)iterado, lo que Richard Schechner llama twice behaved behavior--'repertorio
reiterado de conductas repetidas'. Crea un espacio privilegiado para el
entendimiento de trauma y memoria. Trauma, y sus efectos 'pos-traumáticos,'
siguen manifestándose corporalmente mucho después de que
haya pasado el golpe original. Trauma regresa, se repite en forma de comportamientos
y experiencias involuntarias. Aunque 'performance' no es una (re)acción
involuntaria, lo que comparte con el trauma es que también se caracteriza
como lo re-iterado. Performance (igual que memoria, igual que trauma)
es siempre una experiencia en el presente. Opera en ambos sentidos-- como
un transmisor de la memoria traumática, y a la vez su re-escenificación.
Performance se apoya siempre en un contexto especifico para su significado
y funciona como un sistema histórico y culturalmente codificado.
Las imágenes articuladas adquieren su sentido sólo en un
contexto cultural y discursivo específico. Actúan en la
transmisión de una memoria social -- extrayendo o transformando
imágenes culturales comunes de un 'archivo' colectivo. Las estrategias
del performance poseen su historia y también se van transformando.
Aquí me ocuparé de dos (re)iteraciones de performances de
protesta que se llevan a cabo en el presente, y que están enfocados
en el trauma que prevalece por los 'desaparecidos' -las manifestaciones
de la Madres en la Plaza de Mayo, 'los escraches' que llevan a cabo la
agrupación H.I.J.O.S. (de los desaparecidos). Tal como las Abuelas
y otros grupos de derechos humanos encontraron a los hijos de los desaparecidos
al usar análisis de ADN para establecer rastros genéticos,
yo quiero proponer que también podemos establecer un ADN de performance.
Las performances de estos activistas también transmiten información
cultural codificada. Como el ADN., las imágenes y estrategias que
son transmitidas salen de material existente. Las performances reproducen
y transforman los códigos heredados. No toda la información
heredada es re-usada. Algunos materiales se seleccionan; otros son descartados.
La información que se recibe a través del ADN es muy concentrada-sin
embargo, es claramente legible. Lo mismo, propongo, se puede acertar en
relación a estas performances.
Madres:
Las
Madres de la Plaza de Mayo, a través de sus cuerpos, hacen visible
una historia acumulativa de trauma, una tardía pero aún
impune historia de políticas de violencia. La dramatización
del movimiento social de las Madres ilustra un uso de la performance con
un alto grado de complejidad.
En un nivel pragmático, la performance desarrolla la condición
de (im)posibilidad impuesta por las leyes y prohibiciones del Proceso
que impedía todo tipo de acciones: protestas, congregaciones en
publico, permanecer en la vía publica por cualquier periodo de
tiempo. Las Madres, al caminar de par en par, transgredieron tales prohibiciones.
Sin embargo, los pañuelos blancos destacan que la performance de
las Madres es altamente simbólica, y el uso del espacio público
concientemente estratégico.
A la vez que el movimiento de Madres se inserta dentro de una zona de
prohibición al nivel del imaginario nacional. El Proceso en sí
fue de una gran teatralidad con los desfiles públicos, las luchas
por el control del espacio, y el despliegue en la exhibición de
instrumentos, imágenes e íconos. El escenario aterrador,
en el cual estas mujeres se sintieron comprometidas a insertarse como
Madres, fue organizado y mantenido en torno a una gran definición
coercitiva, no solamente de la ciudadanía civil, sino, además
de una definición de lo 'femenino' y de la maternidad. El movimiento
de las Madres ha sido brillante por que aceptó la lógica
del cuerpo-estatal patriarcal y, simultáneamente, revirtiéndolo
para mostrar todas sus contradicciones. Las mujeres proclamaban estar
haciendo sólo aquello que se supone tenían la obligación
de hacer-- cuidar y buscar a sus hijos. Pero ¿qué pasa cuando
estas 'buenas' madres, en virtud de esa misma responsabilidad sobre sus
hijos, se ven forzadas a salir a buscarlos fuera del hogar y confrontar
a los poderes? -¿Dejan de ser madres? -¿O dejan de ser a-políticas?
Este espectáculo remarca las fisuras en la lógica del Estado.
En un primer nivel, el espectáculo de las Madres da la apariencia
de ser relativamente algo simple: un grupo de madres de edad madura usando
pañuelos blancos y sosteniendo o vistiendo fotografías de
sus hijos perdidos, caminando lentamente. La simplicidad de la representación,
sin embargo, resalta los elementos rituales de esta re-iterativa manifestación
de dos tipos de performance: el luto (lamento, duelo) y la protesta (resistencia.
denuncia). Organizarse como madres ofrecía un mínimo de
seguridad, puesto que la Junta Militar no podía apaciguar por la
fuerza a un grupo de madres desarmadas en público. Las Madres se
apoderaron de la imagen de la Mater Dolorosa y explotaron el sistema represivo
de representación que tan efectivamente ha limitado las posibilidades
de visibilidad y expresión para las mujeres. [IMAGEN 1] El rol
virginal asignado a la mujer para la performance tradicional de lo "femenino"
subraya las cualidades del auto-sacrificio y sufrimiento. Al encarnar
el dolor, las Madres no sólo hicieron visible la lucha por los
hijos, sino la estructura represiva del imaginario nacional. Todos los
jueves, reafirman y trascienden el repertorio cultural e iconográfico.
Los iconos visuales contribuyen en la función mnemotécnica
del arte, proveyendo y transmitiendo memoria y valores sociales de una
manera muy eficaz. Cada una de las imágenes reiterada se añade
al cúmulo en su poder afectivo. La performance, simple y austera,
de las Madres, no sólo evoca mitos culturales y valores centrales
para la civilización Occidental (y apoyados, en teoría,
por la Junta), sino que opera en otros niveles simultáneos: emocionales,
psicológicos y políticos.
Veamos detenidamente algunas las estrategias adoptadas por las Madres:
optaron por hacer su empeño visible en la Plaza de Mayo, un espacio
que históricamente conmemora la Revolución de Mayo y la
libertad política. Usan sus cuerpos en un movimiento metódico
y lento, para demostrar su acusación de no-violencia. A través
de su cuerpo, logran hacer visible la ausencia / presencia de todos aquellos
que habían desaparecido sin dejar rastro, sin dejar un cuerpo.
Han convertido sus cuerpos en archivos 'vivos'--así preservando
y exhibiendo las imágenes que habían sido el blanco de la
supresión militar. Usando las imágenes, como una segunda
piel, crearon una estrategia 'epidérmica,' una que incorpora el
parentesco quebrantado por la violencia criminal. Portándolos (como
posters) o vistiéndolos (como prendas), resaltan la relación
filial que los militares trataron de aniquilar. Estos cuerpos, señalan
las performances, están conectados--genéticamente, filialmente
y ahora por supuesto políticamente. Esta táctica representacional
refleja la táctica científica emprendida por las Abuelas
-el establecimiento de la cadena genética entre miembros de la
familia sobreviviente y los hijos perdidos mediante el rastreo del ADN.
Las Madres crearon una cadena genética e histórica. En lugar
del olvido oficial, inscribieron el tiempo y las fechas de la desapariciones.
Las Madres desafiaron las proclamas de los Generales sobre la historia
al insertarse ellas mismas y los "desaparecidos" en la escena
nacional, tanto figurada como literalmente. En oposición a la imagen,
proyectada por la Junta, del hombre militar heróico, solitario,
que deja tras de sí a su familia y a su comunidad, las Madres enfatizaron
los lazos familiares y comunitarios. En lugar de la performance de jerarquía
de los militares, representado mediante líneas rectas y rígidas
[IMAGEN 2, 3, fotos de Guillermo Loiácono], las Madres usan movimientos
circulares alrededor de la plaza, caracterizado por un dialogar y un caminar
informal. La performance escenifica valores de igualdad y de comunicación.
[IMAGEN 4, Cristina Fraire] Mientras que los uniformes de los soldados,
su parafernalia y su lenguaje corporal enfatizaba los aspectos performativos
de 'género,' las Madres igualmente tomaron conciencia de la importancia
del rol de su 'género,' pero en especial su rol maternal. Las Madres
también tenían sus "uniformes" aunque este pueda
no haber sido identificado como tal. Cuando los militares intentaron echarlas
a la fuerza de la plaza, ellas marcaron la presencia más que indeleble
pintando pañuelos alrededor del circuito donde usualmente hacían
su caminata. En lugar de las calles y de los espacios públicos
vacíos por el estado de sitio de queda, orquestaron el retorno
de los desaparecidos. A partir de ese momento, Buenos Aires se llenó
nuevamente de gente; cuerpos espectaculares, fantasmales, aparecidas figuras
que rehusaron permanecer invisibles.
Usar el termino 'performance' para describir el activismo de las Madres
quizá pueda aparecer frívolo - ¿-Cómo es que
esto puede ser considerado 'performance'? -Acaso él término
trivializa el sufrimiento y la denuncia? 'Performance' a menudo es percibida
como la antitesis de lo real, como si no provocara y tuviera repercusiones
bien concretas. Cualquiera que este familiarizado con las Madres y su
movimiento social sabe muy bien de lo real e importante que ha sido. Nunca
se podrían minimizar las repercusiones violentísimas -de
violaciones, de raptos, de asesinatos -que siguieron a sus manifestaciones
de protesta. Pero performance no sugiere artificialidad; no es 'sobre
poner' o proponerlo como antitético a la 'realidad.' Al contrario,
propongo que la naturaleza performativa y 'restauradora' de las manifestaciones
de las Madres ha servido para propósitos simultáneos. En
lugar de trivializar o eclipsar sus pérdidas, la naturaleza performativa
de sus manifestaciones les ha dado una manera de manejar la pérdida.
Este rito permite el distanciamiento estético que les ofrece una
forma de canalizar su dolor, no negarlo. Por otra parte, la naturaleza
ritual y la función restauradora de sus manifestaciones logran
atraer mucha de la atención publica que ha sido necesaria para
su causa, tanto en el ámbito nacional, como internacionalmente.
Esto las puso de inmediato en contacto con organizaciones de derechos
humanos en todo el mundo que las proveyeron con apoyo moral y financiero
además de la legitimación tan necesaria para neutralizar
los reclamos de la Junta acerca de estas mujeres como delirantes y 'locas'.
Por otra parte, la naturaleza 'restauradora' de su acción publica
en sí misma fue una forma de re-poner a los 'desaparecidos' dentro
de la esfera pública, de hacer visibles sus ausencias. Los 'desaparecidos'
re-aparecieron vía la performance. Las Madres y su movimiento también
resaltó la desaparición de muchas mujeres de la vida pública
Argentina y las sacó del closet doméstico. Al verse forzadas
a ir más allá de los roles tradicionales, han hecho evidente
cuan restringidos y opresivos habían sido esos roles hasta entonces.
La performance de las Madres, igual que toda performance es un reto para
el espectador.
-¿Se atrevería el espectador nacional e internacional aplaudir
esas acciones, o le voltearía la cara? El espectador se vio forzado
a responder. Una carta al editor de La Nación pedía a las
autoridades poner fin "al triste espectáculo que tenemos que
tolerar semana a semana" (Junio 1, 1981, p 6). Sin embargo hubo espectadores
que fueron capaces de responder como público confiable. Ellos colaboraron
para introducir diferentes perspectivas e irrumpir en el "show"
que los militares desplegaban sobre sí mismos. Performance como
algo que se esta llevando a cabo necesita del público para completar
su significado, para atar todas las piezas y darles coherencia.
Igual que el trauma original, y la represión subsiguiente continuada
hasta el presente, la performance de las Madres no está concluida.
La marcha incesante de las mujeres en torno a la Plaza de Mayo es una
propuesta de no clausura. Por el contrario, su persistencia insiste en
enfatizar que el 'pasado' sigue siendo parte fundamental del presente.
Una y otra vez, su marcha nos sitúa frente al poder gubernamental.
En parte esta reiteración proviene del hecho de que las partes
inculpadas no han recibido castigo legal todavía. En parte el tronco
de todo esto proviene de la naturaleza traumática de la herida.
Trauma produce una dislocación, una ruptura entre la experiencia
vivida y la posibilidad de entenderla. El traumatizado como propone Cathy
Caruth, "...conlleva una historia imposible dentro de si mismo."
Para las Madres, el trauma deviene en algo transmisible, algo soportable
y políticamente eficaz a través de la performance.
H.I.J.O.S.
Las
políticas de tortura y crimen, demuestran los estudios, atacan
a varias generaciones simultáneamente. En el caso de Argentina,
la violencia criminal ha afectado por lo menos a cuatro generaciones,
y cada una ha respondido con su propia (interconectada) tipo de activismo
performativo. Igual que las cuatro generaciones-Abuelas, Madres, desaparecidos/detenidos,
H.I.J.O.S.-- comparten rasgos genéticos, que pueden ser rastreados
al través del ADN, existe también un ADN en la performance
que los une en relación al activismo.
La organización H.I.J.O.S., igual que las Madres, se definen como
agrupación con lasos filiales. Es decir, la identidad se define
de entrada como política más que 'natural'-H.I.J.O.S. (Hijos
por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), no hijos.
Ellos, como las Madres, continúan con sus luchas en contra de la
impunidad por medio de la performance. Ellos, al igual que las Madres,
usan sus cuerpos para avergonzar a aquellos en el poder. Los dos grupos
marcan el espacio público, las Madres pintando los pañuelos
en Plaza de Mayo, H.I.J.O.S. inscribiendo los delitos en frente de las
casas de los culpables. Los escraches (etimológicamente relacionado
a excerpere=expectorar, es definido como 'arrojar algo con fuerza' en
el Diccionario Lunfardo de José Gobello) constituye un nuevo tipo
de performance guerrilla que revelan y marcan las atrocidades secretas
cometidas señalando a quienes las perpetraron.
Los escraches, según me contó uno de los H.I.J.O.S., comenzaron
al final de 1996. Varios jóvenes se habían conocido en 1995
en un acto para los desaparecidos organizado por la Universidad de La
Plata. Después se juntaron, y comenzaron a desempeñar actos
sencillos de unos 25 chicos, pegando posters en los bares en los barrios
donde viven los torturados. El propósito era generar conciencia
pública acerca de la impunidad. Poco a poco, los escraches se fueron
haciendo más espectaculares. Se planeaban con tiempo. En la mayoría
de los casos, no se trata de sorprender al culpable. Dos semanas antes
del evento, los H.I.J.O.S. van al barrio para hablar con la gente: ¿sabían
que allí vivía fulano de tal? ¿qué era torturador?
En lugar se verlos como delincuentes, muchas personas del barrio comenzaron
a unirse a ellos y participar en el escrache. También otros grupos
se han unido. Con la ayuda del 'Grupo de Arte Callejero' van señalando
la distancia a la casa-faltan 500 metros, 300 metros, 100 metros, a la
casa del torturador. El grupo grande de unas 300 personas se aproxima
a la casa del torturador. La policía los espera. Allí inician
el rito de marcar el delito, de declarar públicamente los crímenes
que no han sido castigados legalmente. Pintan la acusación en la
calle, y en la acera. O las gritan. En casi todos los casos, los criminales
se hacen que no están. Apagan las luces y se van.
A veces, como en el escrache a Alfredo Astiz, los H.I.J.O.S. se aprovechan
de la sorpresa.
"Llegaron calladitos, con la ropa acorde. Algunos con una carpeta
del tipo universitario y otros lapicera en mano. 'Estudiantes de derecho,'
se presentaron, uno a uno, para que los dejaran pasar al lugar donde el
iba a ser juzgado. El silencio que recibió a Alfredo Astiz, ayer
al mediodía, en la sala de audiencias donde se lo juzga por presunta
apología del delito, no era mas que una treta.
Apenas se sentó en el lugar del acusado, los 15 supuestos estudiantes
revelaron su Identidad.'¡Ahora!,' grito uno de ellos. Los hijos
de desaparecidos -de ellos se trataba- se pusieron de pie y se sacaron
sus camisas del disfraz para exponer las remeras que llevaban ocultas,
pintadas con sus gritos de 'Astiz asesino,' 'Genocidas a la cárcel.'
Fue la primera vez que Astiz se expuso obligado ante el publico y se encontró
con los hijos de esos hombres y mujeres a los que ayudo a matar en los
setenta. Le hicieron un escrache a dos metros de distancia frente a la
televisión [...] Los que sobrevivieron a sus victimas, de 20 a
25 anos, le miraron la nuca y lo insultaron de muy cerca, ahí nomás.
Descargaron vaya a saber cuanto odio y
cantaron 'asesino, asesino.' También le juraron, con rabio y a
coro: 'como a los nazis, les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar'."
"Sorprenden
al ex marino Astiz con un escrache en Tribunales" (por Gerardo Young,
Clarin, Sab Feb 26, 2000). (http://www.clarin.com.ar/diario/2000-02-26)
Este
tipo de performance, en términos de contenido dramático,
alcanza la dimensión de la tragedia aristotélica. La trasgresión
cometida por quienes perpetraron tales atrocidades apesta; para H.I.J.O.S.
la ansia de venganza es tan persistente como justificada. El alivio catártico
ayuda a los hijos a sobrellevar su perdida ("la verdad es que fue
una descarga muy grande, [contó un rato después Carlos…]
Había que ver como se abrazaba con los otros y lo emocionados que
estaban" (Clarín). La caída del agresor es inevitable.
El orden moral de la sociedad se ha puesto en cuestión por completo.
De este modo, los escraches y sus rituales de venganza, fuerzan a sus
'blancos' asumir su rol en el drama nacional. Los obligan a re-accionar
ante el público presente. "¡Astiz asesino!" La
acusación provoca el efecto deseado. "Fue demasiado para él,
que apretó la mandíbula y aguanto lleno de bronca, acaso
también con dolor, hasta algo de adentro le dijo basta y se paro
para abandonar la sala" (Clarín). Al igual que Macbeth fue
inesperadamente confrontado por el fantasma de Banquo, Astiz fue obligado
a retractarse de una manera humillante.
Sin embargo, en términos de estilo, este tipo de escrache reúne
el género trágico con el performance guerrilla. En vez de
respetar un tiempo y espacio fijo, el escrache puede interrumpir en cualquier
momento. Como las furias de Euripedis, los hijos persiguen al asesino.
Se disfrazan, se meten a Tribunales, y todos a la vez, como un coro griego,
inician la acción-"¡Ahorra!" Por el contrario de
las manifestaciones de las Madres, este tipo de performance no necesariamente
posee elementos rituales reiterativos. Lo único que sabemos es
que van a volver a suceder. Los escraches son menos solemnes y más
carnavalescos: "¿Quién dijo que para luchar es necesario
tener el ceño fruncido y el gesto adusto?" (H.I.J.O.S, Añn
5, No. 6, Marzo 2000, Buenos Aires, pag. 12.) Ellos se apoyan en la velocidad,
la fuerza, y a veces la sorpresa. A diferencia del movimiento mesurado
de las Madres en su Plaza histórica, la demanda de los escraches
posee agilidad física y riesgo a medida que se desplazan de un
lugar a otro. La confrontación es directa y emocionalmente muy
vehemente. Aunque muy bien planeados, estas performances parecen surgir
de la nada: "Sorprenden al ex marino Astiz con un escrache en Tribunales"
(por Gerardo Young, Clarin, Sab Feb 26, 2000).
H.I.J.O.S. ha invertido las tácticas de terror usadas por las Fuerzas
Armadas en contra de ellos mismos de una manera brillante. Como en la
época de la dictadura, el escrache sucede en la casa de la persona
perseguida. Los perseguidores se infiltran en espacios normalmente restringidos
para ellos y cogen a sus presas fuera de guardia. En el caso de Astiz,
los jóvenes se hacen pasar por algo que no son (estudiantes de
leyes). Sin embargo, esta claro, que los perseguidos son los victimarios,
no las víctimas. Durante el Proceso, la gente sabía que
un ataque podría suceder en cualquier momento, aunque él
/ ella nunca sabía cuando. De hecho, en el caso de Astiz, él
torturador llegó temprano para evitar ser dicho 'blanco de ataque.'
Mientras que los militares amenazaban a la población civil con
'desaparecerlos' y con la muerte, los hijos amenazan a sus enemigos con
la 'visibilidad' (evidenciarlos) y con una muerte social. Aquellos que
perpetraron las atrocidades viven con el temor de que las furias les arranquen
los mascarones de la invisibilidad y el anonimato que tan arduamente han
tratado de mantener escondido. Son ahora ellos, los ejecutores, los que
se esconden. Y con razón: los escraches son eficaces. El médico
Jorge Magnaccio fue despido de la clínica después de los
escraches que se le hicieron en 1996.
Los escraches, igual que los ataques militares durante la dictadura, involucran
a los espectadores y los vecinos. ¿Intervendrán ellos en
los eventos, o se ocultaran cerrando las puertas? Al hacer 'blanco de
ataque' a un individuo, los escraches también apuntan sobre la
complicidad silenciosa de aquellos, que durante el periodo de la dictadura,
optaron por ignorar la violencia que sucedía alrededor suyo. Sin
embargo, H.I.J.O.S. se ha ocupado cuidadosamente de que la gente entienda
el por que de los escraches. "Si No Hay Justicia Hay Escrache,"
es el lema de ellos. Más y más gente acepta la propuesta
y se une a ella.
Los escraches, al igual que el teatro de guerrilla, intervienen en la
arena política de Argentina para impedir el olvido. Estas performances
son un reto para la performance del Estado. El juicio a los generales
(1985) fue un espectáculo para el olvido, aunque se hacia pasar
por un espectáculo para la memoria. Al hacer el montaje público
del juicio, ambos el gobierno de Alfonsín y las Fuerzas Armadas
creyeron poner fin (o punto final,) a todas las recriminaciones acerca
de las violaciones a los derechos humanos. El Juicio, igual que algunos
museos o monumentos, nos da permiso para situar la memoria y la responsabilidad
en alguna otra parte. Una vez que la herida de la historia ha sido identificada
y manejada, la gente puede proseguir para olvidar el evento. Los escraches,
en un constante re-abrir de las heridas, no permiten ese desplazamiento
de la memoria. El ataque, que toma lugar en el aquí, en el ahora,
resiste a todos los esfuerzos oficiales para poner ese 'punto final' a
un trauma aun no resuelto.
En segundo lugar, los escraches también garantizan de que los torturadores
no dejen nunca las rejas. Ellos podrán hacer sus conjuros para
salir de la prisión, pero la prisión creada por los hijos
los persigue a donde quiera que vayan. Mediante la performance, los hijos
han constituido jaulas móviles, unas que aseguren que los criminales
permanezcan siendo visibles entre las rejas: "como a los nazis, les
va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar."
Las Madres e H.I.J.O.S., con todas las diferencias guardadas en cuanto
a sus estrategias, entienden las ventajas de la performance como una batalla
siempre en vivo. El cuerpo es escenario y arma. A través de la
performance, hacen visible lo que la dictadura quiso hacer invisible-los
desaparecidos, los crímenes, los culpables. Reafirman, también,
que ellos no aceptan el espacio público como zona de prohibición
sino que la usan como una arena de solidaridad y acción. La performance
hace énfasis en el aquí-mismo del trauma, y el rol de la
memoria como una función del presente, no solo del pasado. Las
políticas, al igual que el dolor, como estrategias performativas,
transitan a la siguiente generación, transmitidas como el ADN.
|